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When Cancer Hits the Pause Button

Texto en español a continuación

I remember when they told me “Lussania, you have to repeat the biopsy. It came out suspicious but not conclusive.” I told them, “Okay, no problem.” 

 

I was so sure that there was no need to feel afraid. Two years ago I had had a biopsy done for the same reason and the result had been negative. Unfortunately this result was very different.

 

And that is how my life battle began. In January 2012, I was diagnosed with breast cancer at only 26 years old — a young woman with a healthy lifestyle and many projects in hand. I had all the will to live, but a diagnosis that forced me to disrupt my life.

 

I had surgery in February that year to remove the tumor and then in March to place a catheter to apply chemotherapy. In April I started the treatment: a total of 16 sessions for six months in a row.

 

After finishing chemo, I received 33 radiation therapy sessions every day for two months.

 

It is no secret to anyone that chemotherapy is a very powerful treatment, so it inevitably changed my physical appearance. I lost my hair completely: my waist-length hair. my eyebrows and my eyelashes. My nails peeled away from my skin and I gained weight from fluid retention. 

 

Metamorphosis within

 

Even more devastating than these physical side effects was the metamorphosis that I lived internally to try to stay on my feet. Many radical and unexpected changes were occurring emotionally and spiritually at the same time.

 

This pause that life imposed allowed me to know another part of myself. I learned to show off my best beauty, inner beauty.

 

I learned from my own experience that God gives us what we need to overcome trials if we ask him from the heart. Although it sounds ironic, we must carry the cross with joy to make it easier.

Many times I had fear and moments of weakness during the treatment. So many things came to a halt, but never my dreams or my desire to fulfill them.

 

To encourage myself, I kept thinking that it was a process, that it was temporary, and that God squeezes but does not hang. I learned to ignore these messages: “Poor thing, so young and with cancer” and “Oh, what a sin is sick.” 

 

I decided to smile at life, understanding that happiness can be built on a day-to-day basis. We can enjoy the journey — the rains and the sunshine — without having to wait to reach the final destination.

 

One day reading a book, it occurred to me that I was focused on myself, on moving forward with “me,” and on “me” being well. But I realized there were other people who were going through difficult things too. and a need for me to show caring for them. 

 

That’s how I decided to share my history, helping women who are going through the same experience. In short, I began to do what I could from “my chair.” Although it is true that all cases are different, we all need hope!

 

Mandatory break

 

I think the hardest part for me was taking a mandatory break in my life. It is like zooming along in a sports car at 200 kph and suddenly, colliding with a concrete fence! That’s how I felt when they told me, it’s cancer!

 

But this unexpected pause helped me focus on the really important things in life. It allowed me to identify more with the suffering of others and do what I can to help others. It helped me to value every ray of sunlight and every detail of creation, no matter how small it may seem. It taught me not to wait for tomorrow to tell someone I love them or refrain from giving a hug.

 

Today, after that tough experience, I am totally healthy. My life returned to normal little by little and God has blessed me with a job that I am passionate about. I am a communicator by profession and I can develop in the area that I love the most, the media.

 

I feel deeply blessed and chosen, because despite the ordeal, cancer made me a better human being in all aspects of my life. Cancer has allowed me to touch many hearts with the grace of God.

Recuerdo cuando me dijeron “Lussania, hay que repetir la biopsia, salió sospechosa pero no concluyente” y yo les dije, “está bien, no hay problema”, estaba tan segura que no iba a ser nada que ni siquiera sentía miedo, lo digo con toda sinceridad. Hacía dos años me habían hecho una biopsia por lo mismo y el resultado había dado negativo,  pero lamentablemente este resultado fue muy distinto…

 

Y así fue como en Enero del 2012 comenzó mi batalla de vida,  cuando me diagnosticaron con cáncer de seno teniendo sólo 26 años, un estilo de vida saludable, muchos proyectos en mano, todas las ganas de vivir, pero un diagnóstico que me forzó a hacer una pausa en mi vida.

Me operaron en Febrero para quitar el tumor y luego en Marzo para colocarme un catéter para aplicar la quimioterapia. En Abril empecé con el tratamiento, un total de 16 sesiones durante 6 meses seguidos.

 

Después de terminar la quimio, recibí 33 sesiones de radioterapia todos los días, durante 2 meses.

 

Para nadie es un secreto que la quimioterapia es un tratamiento muy fuerte, así que cambió inevitablemente mi aspecto físico. Perdí mi cabello por completo (solía  cuidarlo muchísimo, lo tenía por la cintura), las cejas y las pestañas. Las uñas se despegaron de mi piel y aumenté de peso por la retención de líquidos. Sin contar la metamorfosis que vivía a nivel interno, para tratar de mantenerme en pie, eran muchos cambios radicales e inesperados al mismo tiempo…

Sin embargo esta pausa que la vida me impuso, me permitió  conocer otra parte de mí  y aprendí a lucir mi mejor belleza, la belleza interior.

 

Aprendí por experiencia propia que Dios nos da lo que necesitamos para sobrepasar las pruebas si se lo pedimos de corazón, aunque suene irónico, hay que cargar la cruz con alegría para que sea más fácil.

 

Muchas veces tuve miedo y momentos de flaqueza durante el tratamiento, muchas cosas se detuvieron, pero nunca mis sueños ni mis ganas de cumplirlos.

Siempre me alentaba a mí misma pensando que era un proceso, que era algo temporal, y que Dios aprieta pero no ahorca. Aprendí a pasar por alto los: “pobrecita, tan joven y con cáncer”, los “ayy que pecado está enfermita” y decidí sonreírle a la vida.

 

Comprendí que la felicidad la podemos construir en el día a día, disfrutando del trayecto, con las lluvias y los rayos de sol,  sin tener que esperar a llegar al destino final. 

 

Un día leyendo un libro, entendí que estaba enfocada en mi misma, en salir adelante” yo”, en estar bien “yo”, pero no me preocupaba realmente por hacer algo por las personas que vivían cosas difíciles y fue así como decidí compartir mi historia, ayudar a mujeres que pasan por lo mismo, en fin, empecé a hacer lo que podía desde “mi silla”, porque si bien es cierto aunque todos los casos son distintos, la esperanza la necesitamos todos!!!

Creo que lo que más me costó fue hacer una pausa obligatoria en mi vida, como siempre lo he dicho. Es como si uno va en un carro deportivo a 200 Kph y de pronto, choca uno con una cerca de concreto!! Así sentí cuando me dijeron, es cáncer!!!! Pero eso me ayudó a enfocarme en las cosas verdaderamente importantes de la vida. Me permitió identificarme más con el sufrimiento ajeno y hacer lo que esté en mis manos por ayudar a otros. Me ayudó a valorar cada rayo de sol y cada detalle de la creación por más “pequeño” que sea. Me enseñó a no esperar a mañana para decirle a alguien que lo quiero o simplemente a no abstenerme de dar un abrazo.

 

Hoy después de esa dura experiencia, estoy totalmente sana, mi vida vuelve  a la normalidad poco a poco y Dios me bendice con un trabajo que me apasiona. Soy comunicadora de profesión y puedo desarrollarme en el área que más me gusta, los medios de comunicación.

 

“Me siento profundamente bendecida y escogida  porque a pesar de lo duro de la prueba, el cáncer me convirtió en un mejor ser humano en todos los aspectos de mi vida y me ha permitido tocar muchos corazones con la gracia de Dios.”

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