Por la Dra. Sharine Alice, VMD — CMVCR1117
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La rabia es una de las enfermedades infecciosas más graves que afectan tanto a animales como a humanos. Causada por el virus de la rabia, esta infección viral mortal ataca el sistema nervioso central, provocando síntomas neurológicos progresivos y, finalmente, la muerte.
Transmisión y riesgo
El virus se transmite principalmente por la mordedura de un animal infectado, ya que está presente en la saliva. Una vez dentro del organismo, viaja a través de los nervios periféricos hasta el cerebro, causando inflamación y daños irreversibles. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los perros domésticos son responsables de casi el 99 % de los casos de rabia humana en todo el mundo, por lo que la vacunación y el control canino son esenciales para prevenir la infección en humanos.

Signos clínicos
La rabia suele desarrollarse en tres fases. La fase inicial incluye cambios sutiles en el comportamiento: ansiedad, inquietud o aislamiento. La fase de furia puede incluir agresividad, desorientación, salivación excesiva y dificultad para tragar. En la fase final, la fase paralítica, el animal sufre debilidad muscular, parálisis e insuficiencia respiratoria, lo que le provoca la muerte en pocos días.
Diagnóstico y prevención
El diagnóstico se confirma mediante pruebas de laboratorio, pero la prevención sigue siendo el método más eficaz. La vacunación es fundamental para el control de la rabia. Los cachorros deben recibir su primera vacuna antirrábica entre las 12 y las 16 semanas de edad, seguida de refuerzos periódicos según las recomendaciones del veterinario.
La concienciación pública y la tenencia responsable de mascotas —mantener las vacunas al día, evitar el contacto con la fauna silvestre y buscar atención veterinaria inmediata tras una posible exposición— son pasos vitales para eliminar esta enfermedad mortal.







