La mañana del 11 de junio, una escena desgarradora nos cambió para siempre a mi hijo y a mí. Mientras subíamos la colina desde Playa Hermosa hacia el Hotel Waldorf, alrededor de las 7:30 a. m., un grito desgarrador rompió la calma matutina. En lo alto, sobre cables eléctricos enredados que se recortaban contra el cielo del amanecer, un mono aullador macho se aferraba desesperadamente al cuerpo inerte de una joven hembra. Acababa de recibir una descarga eléctrica devastadora de más de 14,000 voltios, que la apagó en un instante. Sus gritos angustiados resonaron entre los árboles mientras intentaba, con manos temblorosas, guiar su cuerpo sin vida a través de los cables mortales.

Aparqué el coche a un lado de la carretera, con el corazón latiendo con fuerza, con la esperanza de salvarlos. Pero al acercarme, el macho la soltó y su cuerpo cayó con un golpe sordo sobre el asfalto calentado por el sol. La escena se volvió aún más insoportable mientras el resto de la tropa —madres con bebés aferrados al pecho, jóvenes adultos con ojos abiertos y temerosos, y el inquebrantable macho alfa— gritaba de dolor colectivo desde los cables de arriba. Sus gritos, crudos y guturales, llenaban el aire como un coro lastimero. El macho alfa corría de un lado a otro, asegurándose de que su familia cruzara a un lugar seguro, solo para regresar por su compañera caída, con movimientos frenéticos pero tiernos. Me apresuré a retirar su cuerpo aún caliente de la carretera, protegiéndolo del peligro de los coches que se aproximaban. Con cuidado, la envolví en una toalla suave y la metí en mi coche para darle un entierro digno. Desde los árboles cercanos, la tropa observaba, sus lamentos eran un testimonio inquietante de su pérdida, sus ojos oscuros fijos en su amada madre/hermana.
Para algunos, esto podría parecer lejano, solo otro cuento de la naturaleza. Pero estar allí, viendo a esta familia llorar —las madres acunando a sus crías, la tropa acurrucada en el dolor— fue como presenciar a una familia humana destrozada por una pérdida repentina y trágica. A quienes afirman que los animales no sienten, les pregunto: ¿Han sentido alguna vez la lealtad inquebrantable de una mascota, la protección feroz de un guardián o el tierno amor de una madre por su cría? Los monos aulladores sienten profundamente. Aman con fiereza. Sufren profundamente. Por favor, no les den la espalda a su dolor. No los maltraten, abandonen ni ignoren.
Horas después, regresé con @KarolAllard de Save Monkeys en Playa Hermosa y un trabajador de Coopeguanacaste. Karol se quedó atónita al reconocer a la Tropa 5, una familia que ha vagado por estas colinas durante años. Descubrimos que los cables de electricidad principales, descolgados por años de abandono, cuelgan peligrosamente cerca de líneas más seguras, creando una trampa mortal para la fauna desprevenida. Sorprendentemente, Costa Rica no tiene leyes que obliguen a las compañías eléctricas a aislar estos cables de alto voltaje, lo que deja a animales, trabajadores e incluso personas vulnerables a la electrocución. Peor aún, la construcción descontrolada ha devorado los espacios verdes, obligando a monos como la Tropa 5 a vivir en zonas abarrotadas y peligrosas donde corren el riesgo no solo de recibir descargas eléctricas, sino también de ser atropellados por vehículos.
Pero podemos cambiar esto. Esta tragedia no tiene por qué repetirse. Puedes ayudar a proteger a nuestros queridos monos aulladores y a otras especies silvestres. Aquí te explicamos cómo:


Únase al equipo de rescate de vida silvestre de su comunidad para responder a emergencias y salvar vidas.
Apoye eventos de recaudación de fondos para construir pasajes seguros, como puentes para vida silvestre, que permitan que los animales crucen sin sufrir daños.
Difunda la conciencia educando a otros sobre la importancia de respetar y proteger nuestra vida silvestre.
Abogar por el cambio compartiendo iniciativas con líderes locales y nacionales para aprobar leyes que protejan nuestros tesoros naturales.
Honremos la memoria de este joven aullador actuando ahora. Juntos, podemos crear un mundo donde la vida silvestre prospere, a salvo de todo daño. ¿Nos apoyas?
Dra. Sharine Alice, VMD, CMVCR1117
Playa Hermosa, Guanacaste
Whatsapp: (506) 8307-84000







